Evitar el miedo al coronavirus

Por: Psicólogo Pablo Castillo

Por estos días la palabra más sonada en medios de comunicación, redes sociales, buscadores de internet e incluso las conversaciones casuales entre amigos es COVID-19 o coronavirus. La información, muchas veces parcializada, circula por todas partes, extendiendo el miedo aún más rápido que el mismo virus. Por eso vale la pena abordar el tema sobre cómo evitar el miedo.

Pero ¿qué es el miedo? Y ¿porque trasciende fronteras a mayor velocidad que la propia pandemia?  Partamos de entender que el miedo es una respuesta evolutiva que experimentan todas las especies animales, convirtiéndose en una importante herramienta que garantiza la supervivencia de los seres vivos ante el riesgo de daño. 

Pensemos por un momento en un ejemplo en el reino animal, de seguro todos hemos visto la típica escena de los documentales en la cual las cebras tratan de escapar de su depredador en las planicies de África, esa carrera por la vida ha sido impulsada por la respuesta biológica del miedo que permite que dicho animal se prepare físicamente para huir ante un peligro inminente. Ahora bien, puede que unos pocos miembros de dicha manada de cebras hayan visto a lo lejos al depredador listo para la caza, pero ¿y los demás? La manada entera corre, aunque no todos hayan visto al depredador, esto a modo de reflejo de la conducta de los demás miembros del grupo, he aquí un claro ejemplo del contagio del miedo. 

Evidentemente en este caso resulta de gran utilidad que algunos miembros del grupo respondan rápidamente a la conducta de los otros, pero ¿ocurrirá lo mismo entre los humanos?

El papel higiénico y el coronavirus: Cómo ser reproduce el miedo

Para entender a escala humana cómo se replica la conducta de miedo, tomemos como ejemplo uno de los fenómenos que más interrogantes ha generado en las redes sociales al respecto de la actual situación de salud pública internacional. Por todas partes del mundo la gente llega a su supermercado más cercano y encuentra un panorama inusual en la sección de aseo, muchos productos de dicha sección, tales como toallas de manos, jabón líquido, gel antibacterial y desinfectantes escasean en los aparadores, pero hay uno que brilla por su ausencia, hablamos del papel higiénico. 

papel higienico y coronavirus

En las últimas semanas en diferentes ciudades del mundo se ha visto a decenas de personas salir con cantidades exorbitantes de este producto básico y muchos se preguntan ¿para qué? 

Algunos han consideran que se debe a la difusión de síntomas falsos como diarrea o vómito, otros piensan que es debido a que al ser productos que ocupan gran espacio en los aparadores de las tiendas, su ausencia es más notoria y genera la premura por su compra, sin embargo, la hipótesis más plausible al respecto de esta repentina compra es justamente la réplica de la conducta de pánico de la manada, es así como muchas personas, sin tener claridad porqué, terminan comprando docenas de rollos de papel higiénico solo porque ven a otros comprarlo, algunos pensarán que se acabará y por eso deben comprarlo, otros tantos asumirán que si los demás lo compran copiosamente seguro es necesario para protegerse de la enfermedad, en resumen, imitamos la conducta de miedo de los otros igual que la cebras lo hacían en el ejemplo antes expuesto.

Por otro lado, la compra de papel higiénico no es la única conducta poco coherente adoptada por las personas asustadas, por todas partes del mundo pululan comportamientos de discriminación hacia los asiáticos, uso innecesario del tapabocas, la disminución del consumo de marcas específicas de cerveza al asociar su nombre con el de la cepa viral y por supuesto la difusión de noticias falsas que catastrófizan la enfermedad, más allá de su impacto y consecuencias reales. Claramente todo este tipo de hechos favorece el contagio del miedo y el impacto a escala nacional, internacional, comunitaria e individual de este fenómeno. 

¿Cómo el miedo impacta al individuo?

Miedo al Covid

Evidentemente la mayoría de personas están preocupadas por la congestión en los centros de salud, la desaceleración económica derivada del aislamiento preventivo, la pérdida de clases en colegios y universidades, el desabastecimiento derivado de las compras preventivas en altos volúmenes y la suspensión de eventos masivos como cultos religiosos y actividades deportivas o culturales, pero ¿qué pasa a nivel individual? 

Para responder a esta pregunta debemos retomar el concepto inicial del miedo, recordemos que esta es una respuesta ante todo biológica, que dispara en los animales la preparación del cuerpo para el peligro, es así como la frecuencia cardiaca y respiratoria, además de la tensión muscular y la sudoración incrementan, mientras que algunos otros procesos como el digestivo o el reproductor se detienen súbitamente, nada de esto resulta problemático para los animales porque el miedo experimentado ante el riesgo es transitorio, es decir, solo se dispara ante situaciones inminentes y desaparece rápidamente, una vez superado el peligro. 

En el caso de los seres humanos el miedo se experimenta de manera distinta en cuanto a la transitoriedad, primero debemos entender que en los animales la reacción de miedo se desencadena solo ante la situación de peligro tangible, por otro lado, los seres humanos podemos anticipar el peligro o mantenerlo latente gracias a nuestros pensamientos, los cuales pueden hacerse repetitivos y constantes, generando una angustia permanente que nos mantiene en estado de alerta, en principio este es uno de los mayores factores que mantienen los problemas de ansiedad y en casos como el que actualmente vivimos con el COVID-19 este estado de angustia permanente se convierte en el combustible para la réplica de información parcial, catastrófica o de plano falsa alrededor de la enfermedad. 

La información: la vacuna para evitar el miedo

Llegados a este punto ya podemos comprender el impacto del miedo en medio de la pandemia, pero la pregunta más obvia ahora es ¿cómo combatimos el miedo?

La respuesta puede sonar simple, pero es infalible. Tal vez uno de los factores que más mantiene el miedo es el exceso de circulación de información referente a la pandemia, es imposible encender la tv, consultar las redes sociales e incluso hablar con amigos y familiares sin que este tema del coronavirus ocupe la primera plana, el problema de este fenómeno radica en la desinformación.

Por ejemplo, la mayoría de medios difunden la cifra de contagiados, sin aclarar que de dicho número global, más del 50% ya se han curado o muestran mejorías importantes. Se habla copiosamente de la cifra de muertos registrados, pero poco se dice que dicha cifra no alcanza ni siquiera el 4% de las personas infectadas, además de no aclarar que existen poblaciones más vulnerables que otras al virus, siendo estás las mismas personas que son propensas a complicaciones frente al contagio con los rinovirus u otras clases de virus, causantes del resfriado común.

En el caso puntual de Colombia, se menciona el número de infectados, sin hacer reparo en que es normal que la cifra incremente de manera exponencial durante el primer ciclo de contagio en el país, pero que dicha cifra aún no alcanza ni siquiera el 1% de la población nacional. 

No debemos olvidar que la actual situación es una emergencia sanitaria real y que todos somos responsables de cuidar la propia salud y la de los otros, pero necesitamos tomar con cautela la información que recibimos y difundimos, siendo cuidadosos a la hora de compartir notas alarmistas en redes sociales que plantean que el COVID-19 va a acabar con la humanidad o que hablan de teorías conspiratorias al respecto del origen del virus.

Debemos evitar expresiones como “esto es terrible” “estamos en una situación horrible” “esto es una catástrofe” y cualquier derivado de ellas, que no solo cumplen la función de asustar a quienes las escuchan, sino que también se traducen en un discurso de miedo autoimpuesto, que empeora el contenido de los pensamientos recurrentes que mantienen latente el estado de alerta en nosotros mismos y, finalmente, es fundamental buscar fuentes fiables de información -como entidades oficiales o profesionales de la salud certificados-, que nos permitan informarnos de manera mucho más eficiente al respecto del virus y que nos ayuda a entender mejor la situación actual, más allá del pánico colectivo desinformado que experimentan muchos y que se propaga más rápido que cualquier enfermedad viral. 

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