Salud mental luego de la cuarentena

Por: Psicóloga Stefany Valencia

Conversación de psicólogos especialistas sobre salud mental luego de la cuarentena.

Salud mental al salir del confinamiento

Debido a la aparición del COVID-19, muchas personas están confinadas hace ya varios meses. Con este cautiverio aparecieron emociones nuevas e intensas, además las redes se fueron llenando de contenido indicando cómo llevar la cuarentena preventiva, sin perder la cabeza en el intento. Pero ahora la situación parece estar cambiando, de nuevo. A medida que la economía se debilita, se vuelven a abrir las industrias y esto plantea un nuevo reto: salir de casa. 

Para algunos este reto llega justo cuando estaban haciéndose a la idea de estar en casa 24/7, mientras que otros estaban esperándolo, parados en la puerta de sus casas, con chaqueta en una mano y alcohol en spray en la otra. En ambas situaciones, la idea de salir de casa puede movilizar nuevas emociones, ya sea temor intenso al contagio o deseo acelerado de vivir la vida al máximo. Empecemos entonces entendiendo un poco de la situación de la que acabamos de salir…

El trauma del COVID-19

Como lo describimos en un artículo previo (“La cultura de la felicidad”), el mundo estaba viviendo muchas vidas en un solo día, moviéndonos de objetivo en objetivo. Además, no solo estábamos en constante movimiento, sino que íbamos a mil kilómetros por hora. La llegada del aislamiento preventivo fue como si nos chocáramos contra un tren, y así mismo generó un fuerte latigazo, en muchos niveles: emocional, económico, familiar, social y/o académico. Es por esto que esta pandemia se compara con el trauma. 

El DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) define el trauma como cualquier situación en la que una persona se ve a expuesta a escenas de muerte (real o inminente), lesiones físicas, sexuales o emocionales graves, ya sea de manera directa o indirecta. El CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades) por su parte, lo define como cualquier exposición a una situación estresante de naturaleza excepcionalmente amenazante u horrorizante. Es decir que, véase por donde se vea, esta pandemia ha sido un trauma para nuestra sociedad. Además, a diferencia de otras situaciones traumáticas, como un terremoto o un robo, esta pandemia no sabemos cuándo va a acabar. Es por esto que estamos viviendo el trauma en dos niveles: agudo y crónico. El trauma agudo pertenece a las situaciones donde nos tuvimos que ajustar a estar en casa, a perder el trabajo, reducir los ingresos, o perder un ser querido, además de las repentinas noticias de la curva de contagios y muerte. Por su parte el trauma crónico, corresponde a la situación continuada de incertidumbre que plantea la pendemia en todos los niveles de nuestra vida. 

Esta última dimensión de trauma crónico genera que, aunque lo intentamos, no es posible entender qué es el “nuevo normal”, pues estamos en constante cambio. Cuando el mundo entero debe vivir su vida día a día, o semana a semana, se puede perder la sensación de control. Esto implica que quienes estamos viviendo este momento histórico, estamos suceptibles a condiciones psicológicas y físicas de gravedad: estrés post traumático, depresión o cualquiera de los trastornos de ansiedad. Esto sin contar con el riesgo real y actual de contagio. Por esto debemos hablar hoy, de cómo cuidarnos al volver a salir de casa, en especial con nuestra salud mental.

Qué esperar al volver a salir de casa. La salud mental luego de la cuarentena.

A medida que nos vamos reintegrando en la vida “afuera”, empezamos a recuperar algunos elementos cotidianos como la socialización con desconocidos, el uso de transporte masivo y las rutinas de trabajo y/o estudio algo más rígidas. Frente a esto todas las entidades involucradas en el cuidado son muy claras: si tiene que salir, hágalo con precaución y tomando cuidados. Nos hablan del tapabocas, lavado de manos, distancia preventiva, etc… Sin embargo, todas estas medidas pueden ser percibidas insuficientes o innecesarias, depende del lado en el que nos paremos. 

Para quienes están en el extremo cuidadoso de la pandemia, el solo hecho de hacer un domicilio puede ocasionar preocupación. Para ellos, los riesgos de ansiedad y depresión pueden ser mayores, pues empiezan a necesitar cuidar cada detalle de su contacto con el mundo. Para los más cuidadosos, es común presentar cosas como: temor a salir de casa o recibir visita, preocupación sobre tener cercanía o contacto con otros, precaución sobre las superficies que toca. Esto puede ser perfectamente normal, y esperable, siempre y cuando la persona pueda confrontar  y manejar estas emociones para retomar sus tareas cotidianas y necesarias, como ir por las compras, estudiar o trabajar. 

Para quienes, en cambio, no pueden esperar para retomar la vida con normalidad, puede haber altos niveles de frustración, pues la manía que puede producir volver a salir de casa se estará chocando constantemente con los límites normativos, el cierre de lugares públicos y los temores de las otras personas. Esto los pone en riesgo de tener problemas relacionados con la regulación emocional, especialmente de la ira, llevándolos a situaciones de riesgo. En estos casos, es común sentir cosas como: deseo por hacer las cosas que no han hecho en los últimos meses, necesidad de contacto con otras personas (de manera social, familiar o sexual), exceso de energía, incremento en la motivación. Si bien estas son emociones y situaciones que no deberían levantar alarmas, hay que estar atento a que no interfieran con aspectos de supervivencia básicos, propios o de los seres queridos, y, por supuesto, que no impidan que lleven a cabo sus responsabilidades. 

En consecuencia, no importa la posición que asumamos frente al reintegro a la vida “afuera”, el movimiento de emociones inesperadas e intensas es normal e inevitable. Sin embargo, debemos estar alerta a los siguientes síntomas, para saber cuándo pedir ayuda: 

  • Pensamientos obsesivos e incapacitantes, asociados a cualquier tipo de temor. 
  • Dificultades del sueño, que persistan por más de una semana (dificultad para conciliar el sueño, sueño intermietente o despertares anticipados)
  • Sensaciones físicas intensas y repentinas, sin orígen médico: taquicardia, sensación de ahogo, palpitaciones, rigidez muscular, temblores, sudoración, malestares estomacales o bruxismo.  
  • Incapacidad emocional para salir de casa, tomar medios de transporte públicos, ir a supermercados o estar en la calle. 
  • Sensaciones de invulnerabilidad que puedan llevar a poner la vida o la seguridad en riesgo. 
  • Cambios intensos en la motivación.
  • Sensación de soledad y desesperanza profundos y persistentes. 
  • Deseo intenso de hacerse daño o acabar con la propia vida; o intentarlo. 
  • Deseo intenso de hacerle daño a alguien más o acabar con su vida; o intentarlo. 
  • Dificultad para controlar las propias emociones: temor, ira, alegraía o tristeza. 

Finalmente, como seres humanos podemos esperar una cantidad de emociones dolorosas e incómodas frente al trauma que estamos viviendo, y está en las manos de cada quién poder evaluar su estado emocional y mental, para identificar cuándo se le sale de las manos. Y, en caso que tengamos personas cercanas que no son muy buenas identificando sus propias emociones, podemos recomendarles buscar ayuda, pues esto es algo básico para monitorear el estado de la propia salud mental. Recordemos que todos estamos enfrentando esta situación juntos y ahora más que nunca necesitamos compartir nuestra propia experiencia, ya sea con los seres queridos o con un profesional.

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