La profundidad de las problemáticas en las relaciones de pareja 1

Por: José Daniel Suancha B y Margarita Moñino

En la sociedad actual resulta un desafío significativo para los individuos alcanzar una buena salud a nivel mental debido a las diferentes áreas en las que se desenvuelven (personal, familiar, académica, laboral, etc.) una de las que llega a ser la más relevante consiste en el área afectiva, para la cual muchas personas se enfocan en construir y mantener una relación de pareja.

Estas relaciones llegan a ser un aspecto significativo en la vida de cualquier sujeto, no obstante, la correcta forma de llevarlas se convierte en un reto para la población en general, siendo una de las mayores dificultades la convivencia y la aceptación, pues se ha evidenciado que el “éxito” de las relaciones se basa en no permitir que toda la negatividad que puedo llegar a sentir por el otro (ya sea en sentimientos o en pensamientos), dominen sobre los positivos, lo que se describiría como una unión caracterizada por su inteligencia emocional (Gottman & Silver, 2010).

Sin embargo, lograr esta «tarea» cuenta con una serie de pasos, los cuales, basados en los teóricos del tema, pueden ser fundamentales para abordar de manera más asertiva la naturaleza de la diferencia en las relaciones. Por ende, el enfoque de este artículo consistirá en identificar la profundidad detrás de los problemas que enfrentan las relaciones, para así abordar las formas en las que una pareja puede encontrar un equilibrio al resolver sus dificultades, todo esto sustentado en la terapia integral de pareja (Barraca, 2016).

Para abordar los conflictos que generan malestar y pueden incluso amenazar el vínculo, es crucial identificar el tema subyacente que los desencadena. Este proceso se desarrolla gradualmente, donde los miembros de la pareja enfrentan repetidas discusiones que, en realidad, están relacionadas con un problema no resuelto. Este tema, consciente o inconscientemente evitado o normalizado, suele estar vinculado a dificultades en los roles de cada uno dentro de la relación, ya sea buscando más cercanía o distancia según sus necesidades individuales.

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Cuando los conflictos se repiten y se encuentra resistencia al cambio frente a las expectativas del otro, puede desencadenarse un proceso conocido como «polarización» (Barraca, 2016). En este proceso, las respuestas de cada miembro ante las diferencias se vuelven más hostiles. Desde la perspectiva individual, se percibe que la responsabilidad de la situación desfavorable o negativa recae completamente en el otro miembro. Esto crea un ciclo en el que las diferencias se llevan al extremo, y se observa una negligencia para resolver los conflictos por parte de ambos miembros.

Esta dinámica conduce a una perspectiva desfavorable hacia el futuro, ya que las parejas se sienten ‘atrapadas’ en la creencia de que la única manera de mejorar la situación es mediante un cambio radical en el otro miembro, por lo que, a su vez, no ve necesario modificar su manera de relacionarse (Labrador et al. 2015). Sin embargo, hasta el momento, este enfoque no ha demostrado ser efectivo. Es en este punto donde las parejas pueden llegar a sentirse en un callejón sin salida, donde no ven posibilidad alguna de resolver sus conflictos.

Por todas estas razones, cuando una pareja se enfrenta a diferencias que causan un malestar considerado ‘insoportable’, es crucial seguir una serie de pasos relevantes que pueden ayudar a resolver la situación sin llegar a la ruptura. 

  1. Identificar el problema real que está causando las discusiones, para así poder abordarlo de manera efectiva y evitar culpar al otro. Al reconocer el problema real y evitar las acusaciones, se puede reducir el conflicto.
  2. Buscar un mayor entendimiento del funcionamiento de la pareja, al haber reducido el conflicto. Esto nos permite aceptar las diferencias inherentes que existen entre los seres humanos y comenzar a trabajar en una solución conjunta. Identificando las formas en que cada uno reaccionan negativamente.
  3. Propender por un cambio significativo en el discurso y el lenguaje durante la comunicación será crucial. De esta manera, el enfoque debe centrarse en cómo me siento como individuo frente a la situación, en lugar de dirigirlo hacia las acciones o comportamientos del otro. Esto permitirá visualizar las verdaderas inseguridades y miedos que afectan a cada miembro de la pareja. Esto no solo facilitará una comunicación más asertiva, sino que también fortalecerá el vínculo al compartir las vulnerabilidades mutuas. Además, permitirá identificar los problemas individuales que deben abordarse para prevenir el malestar dentro de la relación.
  4. Disminuir la polarización y promover una actitud de asumir las responsabilidades individuales, será el siguiente paso, que, además, ayudará a identificar los factores estresantes y las áreas de autocuidado que requieren atención, contribuyendo así al crecimiento personal y mutuo de la pareja.

En resumen, al identificar y abordar los conflictos juntos, las parejas pueden fortalecer su vínculo y construir una relación más satisfactoria y saludable. Sin embargo, cuando la dificultad parece desproporcionada e incluso insuperable, es importante considerar la ayuda de un profesional en salud mental. Así, podrán encaminar el proceso de manera efectiva y promover un vínculo sano.

Referencias:
Barraca, J. (2016) Terapia integral de pareja: Una intervención para superar las diferencias irreconciliables. Editorial Síntesis.

Gottman, J., & Silver, N. (2010). Siete reglas de oro para vivir en pareja: Un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia. Editorial Debolsillo.

Labrador, F. (2015). Intervención psicológica en terapia de pareja: evaluación y tratamiento. Ediciones Pirámide.

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