Actos fallidos psiconalisis

¿Qué decimos cuando nos equivocamos?

Cuántas veces nos ha sucedido que al estar hablando con una persona decimos una palabra que no queríamos decir porque no se ajusta al discurso que estamos dando, o que cambiamos el nombre de cosas o personas, o mezclamos palabras generando otra sin mucho sentido, y nos burlamos de nosotros mismos o de quien la comete, tomando estos errores como algo insignificante y carente de sentido.

Tales errores también se presentan cuando escuchamos algo diferente a lo que no han dicho, leemos algo que no está escrito, o simplemente lo que percibimos es totalmente diferente a lo que es realmente. Para el psicoanálisis estos actos comunes se llaman “actos fallidos”, los cuales están muy lejos de ser inocentes, sin sentido o carentes de significado, dado que para esta mirada, TODO COMUNICA: lo que decimos, lo que callamos, lo que acertamos, lo que fallamos, lo que descartamos y lo que escogemos, pues en el mundo interno de cada persona, todo esto simboliza algo, que solamente por medio de la misma persona cobra sentido. Es así como los significados de estos fallos serán tantos, como personas y experiencias en el mundo. Por lo tanto, no se puede afirmar que si tu cometes un error con determinada palabra, la intención de ésta siempre va a estar dirigida a algo específico en todas las personas.

Para entender un poco mejor la idea de los actos fallidos, veamos la historia de Martina: Martina es una joven estudiante universitaria de literatura, la cual asiste a clubes de lectura de su facultad. Es allí donde conoció a Leire, chica que de entrada no le agradó del todo, pero decidió darle la oportunidad y compartir con ella con el fin de que le terminara de agradar en algún punto. A medida que compartían diferentes espacios e interactuaban, Martina menos se sentía agradada con Leire, pero trataba de justificar sus sentimientos a fin de no rechazar consciente y totalmente a Leire. Es así como en  los encuentros en los que Leire dirigía, a Martina se le presentaba algo más importante que hacer y no asistía, cuando se encontraban con sus amigos y hacían algún pedido para compartir, Martina olvidaba pedir la opinión de Leire, a lo cual ella se disculpaba diciendo “soy muy distraída”. Además, cambiaba frecuentemente la forma de su nombre por Lorena, Leidy o Lauren, disculpándose y justificando “tu nombre no es común”.

Un día, Leire, al llegar de España, le entregó un lapicero como regalo a Martina, el cual le agradó bastante, incluso lo usaba en clases para hacer sus apuntes y un día al estar jugando con él mientras escuchaba al profesor “accidentalmente” lo rompió, pero lo siguió usando, pues aún servía, hasta que un día lo perdió, frente a lo cual Martina se sintió mal, porque realmente le gustaba su lapicero, dado que se lo había regalado una amiga.

La base de los actos fallidos es la intención. Es así como encontramos que siempre hay un choque de intenciones: la que se expone y la que se reprime. Por ejemplo, a Martina no le terminaba de agradar Leire, pero hacia su mayor esfuerzo para que fuera lo contrario y así compartir espacios con ella y sus amigos, negando la poca afinidad que tenía hacia Leire. La situación con la intención reprimida es que esta siempre va a luchar por salir. Es así como Martina cambiaba el nombre de Leire, olvidaba pedir su opinión y terminaba prefiriendo otras actividades cuando Leire dirigía la sesión del club. Este choque de intenciones siempre va a estar en juego, dado que nosotros tendemos a expresar la intención más adaptativa o aceptable para nosotros mismos y cometiendo pequeños fallos, a los cuales no les atribuimos sentido ni importancia, pero que permiten la salida de la intención reprimida.

Pero… ¿qué pasa con el lapicero? Bien, el lapicero viene a ser otro canal por el cual se expresa la intención reprimida, dado que este objeto recibe dos cargas emocionales, cada una una dirigida a una intención. Por un lado, encontramos la carga afectiva adaptativa donde Martina usa constantemente el lapicero y se siente agradecida por este; y por otro lado, la carga afectiva reprimida, asociada a lo poco agradada que se siente Martina hacia Leire, la cual lleva a que “accidentalmente” por acto fallido rompa el lapicero, lo que trata de ser compensado con el seguir usándolo aunque esté dañado, pero finalmente en el conflicto gana la intención reprimida, llevando a que, por acto fallido, Martina pierda el lapicero.

Al ver este panorama encontramos que el acto fallido viene a darse por el conflicto que existe entre dos intenciones totalmente opuestas, donde nosotros decidimos exponer conscientemente una, pues es aceptable para nuestra mente comportarnos de esta forma y reprimimos la otra, la cual va expresarse por diferentes canales por medio del fallo.

Estos “pequeños errores” cobran sentido para el psicoanálisis y dentro de un proceso terapéutico serán tenidos en cuenta y serán analizados, ya sea porque se cometen fuera de sesión o dentro de la sesión en nuestro discurso, y se intentará por medio de cuestionamientos llevar al paciente a identificar la intención reprimida que se encuentra camuflada por los actos fallidos.

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2 thoughts on “Los actos fallidos y su sentido inconsciente

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